Hola Mundo.

Sería estupendo tener las tecnologías de Expansión en nuestras manos, ¿no es así?

Sólo imagina, vas por la calle y ves el anuncio de la Clínica Ícaro que está a la vuelta de la esquina, ofreciendo un descuento del 70% en el implante cerebral cuya función es optimizar la capacidad de aprendizaje y la rapidez al utilizar la infamación aprendida.

Y nada más cuesta lo mismo que un par de zapatos, es más, los zapatos están bastante caros si quieres que no se despeguen al dar dos pasos…

Entras a la clínica, un pinchazo en el cuello, unas cosquillas por la frente y, media hora más tarde, el robot a cargo de tu cirugía te anuncia que tienes disponibles diez trabajos con el triple de remuneración de lo esperado…

Eres un Expan ahora, ¿para qué esperar un salario mínimo, para qué usar el transporte público o comer los restos de la basura?

El nuevo puesto de trabajo que escogiste es tan estupendo que el primer mes pudiste renovar tu departamento, es más, ahora vives en una casa en las afueras de la ciudad, en el barrio domótico con clima controlado y aire respirable, ¿así se siente el aire limpio?

Al tercer mes recibes un correo de la clínica donde te operaste, otorgándote un descuento del 50% en cualquier prótesis cibernética y vamos, ¿por qué no?

Nuevamente te reciben con una sonrisa en la clínica, el robot toma las medidas de tu organismo y buscar el miembro más adecuado según tu contextura física y las aptitudes que tu nuevo puesto de trabajo necesita…

Ibas a cambiarte los ojos para tener mejor interfaz con el ordenador pero para qué conformarse con eso si el doctor te ofreció, por el mismo precio, añadir un implante cerebelar y un par de manos nuevas.

Al cabo de una hora te retiras de la clínica listo para trabajar… en un nuevo puesto con el triple de salario que el anterior.

Y ya, has descubierto que puedes subir aún más tu rango, de niño has soñado con ser astronauta y lo único que necesitas para serlo es una última cirugía: el reemplazo del lóbulo frontal de tu cerebro y una malla conectora que enlazará los treinta implantes en el resto de tu encéfalo. Por supuesto, no olvidemos que debes reemplazar tus pulmones porque esa capacidad “por defecto” de tu organismo no es de lo mejor para ir al espacio…

Esa cirugía tiene un riesgo del 35% pero nada que no se pueda superar en el postoperatorio y las terapias kinésicas.

Qué importa, allá vas, total, el salario aguanta.

Un mes después, puedes iniciar el entrenamiento para ir a la colonia marciana. Estás tranquilo en casa inyectando un poco de pocina en tus venas, pues los implantes suelen tener errores en los programas si no inyectas eso; cuando recibes un correo del laboratorio que te arrendó los implantes.

Oh, dije arriendo…

Se te olvidó leer la letra pequeña.

Todo eso que cambiaste nunca fue tuyo y ahora el laboratorio te dice que debe subir la cuota del arriendo de tus implantes porque el gobierno a subido el IVA de las prótesis impresas en el extranjero…

Y lo único que tienes nacional son tus manos.

El precio del arriendo mensual es impagable pero sorteas el mes pagando la mitad de la cuota, pues para evitar que venga un Reponedor, nadie quiere una de esas alimañas en casa.

El segundo mes ya estás en la última fase del entrenamiento astronaútico, sólo quedan dos semanas y estarás en el cohete rumbo a Marte… sin embargo, un nuevo correo te da un aviso de Reposición si no pagas la cuota en su totalidad.

Pero qué va, un viaje al laboratorio SIGMA, una charla con la encargada del área y queda solucionado con el pago del mínimo mensual.

Esa noche vas a dormir tranquilo en tu nueva casa, tu pareja se recuesta en tu pecho y duerme apacible tras dormir a los niños.

Cierras tus ojos para soñar con el vuelo final pero escuchas unos pasos en la sala. Bajas las escaleras y ves una figura vestida de negro y ojos verde brillante.

—Buenas noches, soy Prisma, su Reponedora de turno.

La mujer no lleva  herramienta alguna y viste tacones tan altos que es imposible caminar bien. La Reponedora se sienta en tu sofá más amplio y sonríe cuando ve a tu pareja asomarse por la puerta.

Tú te acomodas frente a la extraña visita de largas piernas.

—Dos meses sin pagar, qué valor.

—He estado pagando el mínimo mensual.

—¿Tú crees que puedes mantenerme con eso?

Sin querer tu espina se queda rígida, tragas un poco de saliva cuando tu pareja se sienta a tu lado. Le sujetas la mano, le susurras que vaya con los niños.

A solas con la Reponedora, le ofreces un café. Ella acepta enseñando una sonrisa perfecta que deja ver un maquillaje corrido a fuerza de lágrimas… ¿estará bien con el trabajo que hace o alguien le fuerza?

Ella bebe el café hirviendo de un sorbo.

—Tiene una semana. Le visitaré si no paga.

Parpadeas y ya no está.

Mas no pasa una semana sino un minuto en el que bajaste la guardia, la mujer te ha arrancado la mano como si tu brazo fuera una barra de mantequilla.

Tu pareja escucha los gritos, corre a ayudarte pero es arrojada contra el muro, cayendo inconsciente.

Huyes de la Reponedora corriendo por la arboleda, ella te sigue sin dificultad pues parece flotar.

Corres hasta cruzar el domo, respiras el aire contaminado y te asfixias, cayendo al suelo.

Al despertar estás en una alcantarilla, un sujeto te ha salvado casi por suerte pero no te garantiza que estés a salvo.

Te inyecta un poco de pocina sacada de un cadáver por ahí. Sientes temblores y naúseas al recibir la medicina contaminada pero es eso o sentir el rechazo del organismo hacia las prótesis…

El sujeto tiene piernas prostéticas y sus amigos tienen ojos, torsos, caderas… y ninguno puede pagar el arriendo…

Te sientas en una caja de cartón, sujetas tu cabeza porque la pocina contaminada no es tan eficiente como la “pocina virgen”…

¿Será posible regresar a la vida que te ganaste con tanto…?

Vamos, ¿en verdad fue con esfuerzo?

Dos días después uno de tus ojos cae el piso y no puedes volver a conectarlo porque los cables se ven podridos. Tu brazo no está en las mejores condiciones y, tras examinar el muñón donde estaba tu mano prostética, descubres que tienes un GPS…

Frente a ti está la misma Reponedora, sonriendo mientras llora.

Tú último recuerdo son los ojos de una mujer que sonreía asustada, una imagen distorsionada y borrosa que jamás te dejará volver a ver a tu familia.

Las prótesis cibernéticas más económicas tiene un valor de 80.000 dólares (para darles una referencia actual pues en aquel lugar la moneda encriptada se denomina “Punto” y tiene valores… que más adelante comentaremos), siendo pagaderos en las cuotas que el cliente estime convenientes. Sin embargo, este coste engloba el arriendo de la prótesis por el período de un año y, ya sabes lo que pasa si te saltas un mes.

Por supuesto, pocos tienen el poder adquisitivo para pagar tal cantidad, de modo que muchas personas optan por el mercado negro. Personas especializadas en el robo de prótesis toman estos miembros usados, les borran el historial y revenden la mercancía en las alcantarillas.

Eso sí, olvídate de obtener pocina de forma legal o de conseguir algo acorde con tu contextura o necesidades… o que esté bien desinfectada. Sin embargo, hay personas que prefieren este mercado porque, a corto plazo, consiguen mejores puestos de trabajo. Un mejor salario es la consecuencia y también lo es la adquisición de una prótesis legal.

Sólo está el detalle de que uno de cada tres mil sobrevive a una cirugía clandestina…

Dulces sueños para los que visitan la clínica Ícaro.

Pronto, una nueva transmisión.

Cambio y Fuera.

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